3.11.06

LA REGULACIÓN DE LAS DROGAS A DEBATE

Uno de los temas más controvertidos en el aspecto social es el de la legalización de las drogas, y en relación a este asunto me topé en el suplemento de fin de semana de Libertad Digital con este interesante artículo en el que se pretende abordar el tema, especialmente en sus últimos párrafos, desde una comparación con lo sucedido en Estados Unidos en los años 20 con la ley seca. Dice así: “El ejemplo de la famosa Ley Seca norteamericana debería servir de lección para enseñarnos todo lo que no se debe hacer.” Quizá la afirmación y el posicionamiento del periódico frente al problema de las drogas pueda parecer contradictorio a quienes consideran erróneamente a Libertad Digital como un medio “muy de derechas” pero, al margen de falsos tópicos, lo cierto es que varios economistas liberales de prestigio dudan de la eficacia de considerar a las drogas ilegales. Entre quienes defienden estas posturas se encuentra, entre otros, el laureado Milton Friedman (Escuela de Chicago), uno de los referentes de las doctrinas económicas liberales.

En primer lugar les hago saber que me opongo frontalmente al consumo de drogas y que ni tan siquiera tengo una postura claramente definida acerca de la conveniencia de legalizar o de ilegalizar estas sustancias, pero ello no impide que pueda manifestar algunos de los argumentos que han sido planteados por liberales de reconocido prestigio.

El primer punto que abordaré, claro está, es el económico y en referencia al mismo se podría decir que la ilegalización actúa involuntariamente a modo de cártel, algo que beneficia indudablemente a las grandes mafias que se aprovechan de las ventajas que los mercados oligopolistas ofrecen a los productores. El hecho de que el “cultivo, elaboración o tráfico” de drogas sea punible hace que el pequeño empresario no se introduzca en el mercado ante la incapacidad de librarse de la presencia policial dada su escasez de medios técnicos para ello, lo cual reduce la oferta y aumenta el precio. Esta circunstancia es especialmente beneficiosa para las grandes mafias que sí disponen de los medios necesarios para evitar la detección policial (lanchas, aviones etc) y que obtienen grandes cantidades de dinero ante la ya citada situación oligopolista que se les presenta.

También habría que destacar que su prohibión genera delincuencia indirecta. Como ya se ha dicho, la escasez de oferentes hace inevitablemente que los precios suban si la curva de demanda no se desplaza en el mismo sentido, y estos precios elevados son inalcanzables para unos consumidores que generalmente disponen de escasos recursos económicos y cuya adicción les lleva a robar para conseguirla. Por si ustedes lo dudaban, tampoco me iba a olvidar hoy de los politicuchos, y es que otra de las consecuencias negativas que supone la ilegalización es la corrupción que genera. Asimismo, en el plano policial los policías que se dedican al control de estas sustancias bien se podrían dedicar a combatir la incipiente inseguridad ciudadana, y en el aspecto judicial se agilizaría el sistema y las cárceles probablemente se encontrarían mucho menos saturadas.

Pero al fin y al cabo estos son argumentos relativos salvo el económico, que es irrefutable, y en ese sentido se podría justificar su ilegalización desde aspectos sanitarios, sociales y éticos. Desde el punto de vista sanitario, uno de los argumentos sin duda más sólidos es el de la defensa de la salud de los fetos, los cuales se ven perjudicados cuando su madre consume droga ya que se ha demostrado que este consumo repercute negativamente en su peso y en su capacidad mental. Al respecto, los liberales afirman que es imposible investigar tratamientos eficaces y aplicarlos porque las madres temen ser acusadas de consumir dichas sustancias; y en el caso de ser legalizadas muchas mujeres que consumen drogas serían más propensas a someterse a tratamientos que beneficien la salud de sus hijos. Igualmente, si su venta y distribución estuviese permitida, regulada, y sometida a controles de sanidad, se reducirían las muertes por consumir sustancias adulteradas, como se demostró cuando se derogó la ley seca.

Por último también se suele plantear el tema, como comentaba anteriormente, desde un punto de vista ético y de consumo. En lo que respecta al consumo lo que se teme principalmente es que la legalización incremente el número de oferentes lo cual supondrían un descenso en el precio, incentivando esto el consumo. El argumento es válido en teoría, pero al ser las drogas una sustancia adictiva su curva de demanda suele ser rígida o poco sensible a los cambios de precio, de modo que quienes la consumen no lo harán en mucha mayor proporción, y quienes no la consumen no lo harán por el mero hecho de que se liberalice el mercado. Desde el punto de vista ético se argumenta que el derecho penal tiene como objetivo proteger los bienes jurídicos, y como la salud humana presumiblemente lo es, en ese caso las drogas deben estar ilegalizadas. Pero, ¿se han preguntado cuántas muertes al año causa el tabaco por cáncer de pulmón? ¿Y qué me dicen de la gente como yo, que no fumo y tengo que aguantar la peste del tabaco en cualquier bar?

Por lo tanto, y por concluir ya, pues no es mi intención aburrirles, el debate consiste en dar prioridad a las cuestiones morales o a los argumentos que recomiendan su legalización. Sí, el consumo de drogas es completamente desaconsejable y los drogadictos son gente a menudo peligrosa que debería estar controlada. Pero también los alcohólicos y muchos otros. Y los policías dedicados a perseguir a las mafias y a los drogadictos peligrosos sólo tendrían que preocuparse ahora de la segunda de estas tareas. Lo que algunos liberales aconsejan es su legalización con una regulación semejante a la del tabaco y las bebidas alcohólicas, esto es, que estuviese restringida a los menores y sometida a controles de calidad. Pero, ¿se aprovecharían las mafias de las sustancias que no pasasen los controles? Sin duda el asunto es muy complejo y hay posturas para todos los gustos, pero los argumentos arriba mencionados deben cuanto menos ser tenidos en cuenta, aunque luego sean rechazados por diferentes motivos éticos y morales de peso.

10 Comments:

At 3/11/06 12:41 p. m., Blogger octopusmagnificens said...

Yo apoyo frontalmente el consumo de drogas... para los que las quieran consumir, claro. El estado no es quién para decirnos qué hacer o no hacer con nuestro cuerpo. Yo por ejemplo soy consumidor habitual de una droga, la cerveza, prácticamente todos los fines de semana... Jajajaja.

 
At 3/11/06 1:29 p. m., Blogger vitio said...

Liberalizar el tema de las drogas y legalizarlas puede ser una solución. A mí ni me va ni me viene, puesto que no las consumo. Pero el que quiera hacerlo...¿Por qué prohibirselo?
Además, la ilegalización de las drogas está haciendo que se cree una gran mafia que actúa como un sólo monopolio, que es por cierto, algo que el liberalismo no permite.
Un saludo!

 
At 3/11/06 5:21 p. m., Blogger Samuel said...

La cuestión que nos plantea se relaciona en diversos aspectos con su anterior artículo sobre el liberalismo y la democracia cristiana.

Naturalmente, desde el punto de vista económico, la ilegalización de las drogas da lugar a que las mafias comercialicen el producto. Y desde un punto de vista estrictamente liberal, el Estado no debe intervenir en cuestiones que corresponden íntimamente al individuo. A diferencia de una posición más puritana que consideraría que el Estado tiene la obligación de controlar la moral de sus ciudadanos, por su propio bien.

Les diré mi opinión sin rodeos. Me gustaría que el individuo, sin que tenga que ser obligado o persuadido por fuerzas externas humanas, renunciara por sí mismo al consumo de drogas. Esto es pura utopía; por eso creo conveniente que las drogas sean ilegales.

Ahora bien, con respecto al consumo de alcohol o de tabaco, debemos hacer algunos matices. No es lo mismo consumir alcohol parcialmente a modo de estimulante que consumirlo en exceso, perdiendo el sentido y convirtiéndote en un peligro para la sociedad.

Sobre las cuestiones morales deberíamos tener más cuidado. Si estamos de acuerdo con la legalización de las drogas, significa que aceptamos por defecto, el aborto, la eutanasia, etc. Basándonos en que el individuo tiene derecho a decidir el principio o el fin de su existencia, puede autodestruirse a largo plazo (drogas, tabaco, alcoholismo) o a corto plazo (eutanasia, suicidio legal).

A mí me parece muy bien que el Estado respete la libertad del individuo. Pero una cosa es prohibir, y otra advertir e influir. Por ejemplo, ¿por qué se trata la depresión como una enfermedad mental? Porque se considera propio del individuo, no poner fin a su vida, sino intentar cumplir sus objetivos y desarrollar sus capacidades. ¿Por qué se considera un deber del Estado ofrecer enseñanza a sus ciudadanos? Un individuo siempre tendrá la libertad de vivir apartado de la sociedad, como un ser primitivo, sin que el Estado interfiera para nada en sus decisiones. Y sin embargo, ¿está cumpliendo todo su potencial como individuo, está haciendo buen uso de su libertad?

La verdad es que, por la propia experiencia, vemos que el Estado no es siempre el más adecuado para encauzar a nadie en el camino adecuado. Y sin embargo, creo que es una misión suya hacerle ver de qué cosas se debe apartar si quiere desarrollar su libertad. Por el mismo motivo que no podemos aceptar una esclavitud voluntaria, porque es impropia del ser humano (el esclavo decide ser esclavo), considero que no se deben permitir las drogas, ni el tabaco, ni el alcohol, ni la eutanasia, ni el aborto.

 
At 3/11/06 10:28 p. m., Blogger octopusmagnificens said...

Personalmente no necesito tutela alguna del estado. Los que sí la necesiten son libres de solicitarla.

Para mí los traficantes de drogas son empresarios que ofrecen a la sociedad lo que ésta demanda. Me merecen mucho más respeto que los guías espirituales no solicitados.

El aborto y la eutanasia son temas diferentes, pero yo estoy a favor de ambos.

 
At 4/11/06 12:52 a. m., Blogger El Espantapájaros said...

Compruebo que hay bastantes posturas a favor de la legalización. Efectivamente, todo tiene sus pros y sus contras. En este caso, los pros, debidamente glosados, ya han sido demasiado bien expuestos por Victrix para que tenga que añadir algo: no puedo sino convenir en que, cierto es, la legalización, desde un punto de vista liberal, no sería nada disparatado y, manejado con acierto, llegaría a ser beneficioso para la sociedad. También los contras han sido analizados, tocantes a cuestiones sanitarias y éticas que tampoco han de ser menospreciadas así sin más... Pero el mayor inconveniente a todo esto es la forma. Esas estúpidas canciones a favor de la legalización, ese desprecio por la Ley de quienes vienen buscando con groseros modos ese objetivo, todo eso, en fin, me predispone en contra de la famosa medida. Porque, de llevarse a cabo, ¿no sería visto de buenas primeras como una grave cesión de la poca autoridad preventivo-represiva que posee nuestro Estado? Esto es, como una muestra más de su incapacidad manifiesta para mantener el orden que promulga, lo que tendría impresivibles consecuencias.

Es verdad que, focalizando en la sociedad y no en lo que cada individuo quiera hacerse a sí mismo, la mayor parte de los problemas de la droga derivan de su veto, al generar un mercado de mafias, unos consumidores manipulables y desesperados y la célebre oposición a las prohibiciones que les hace ganar adeptos (o adictos). Empero, veo difícil y hasta peligroso que el Estado, una vez adoptada una postura con firmeza, sostenida desde hace tanto tiempo y acorde con la de la mayoría de países civilizados, pudiera renunciar a ella, al menos mientras siga existiendo una presión de tono bárbaro, de chapas y cancioncillas con porros en la oreja, para que lo haga.

No obstante, el caso Holanda es un precedente. ¿Postivo o negativo? No, no me meteré en ello, porque me caen tan mal los holandeses que es mejor callar y dejar que siga adelante este debate que, desde luego, es del máximo interés.

Un saludo

P.S.: Victrix, tengo que darle las gracias por haber enlazado desde su página mis artículos de "Navarra Liberal". Como siempre, es un honor contar con su apoyo. Quizá, aun lo apurado del tiempo, debiera usted participar en algo semejante.

 
At 4/11/06 10:32 a. m., Blogger octopusmagnificens said...

La pregunta que todos deberíamos hacernos es la siguiente: ¿yo necesito la protección del estado frente a las drogas?

Si la respuesta es negativa entonces no se puede querer para los demás lo que no se quiere para uno mismo.

Yo desde luego rechazo cualquier tipo de protección. Ya soy mayorcito y sé lo que hago: lo que me da la gana.

 
At 4/11/06 11:06 a. m., Blogger Samuel said...

Me gustaría hacer algunos apuntes acerca de esta cuestión. Supongo que conocen el pensamiento de César Vidal al respecto. Los principios de la Revolución Americana se basan en el pesimismo antropológico. Puesto que el individuo es malo por naturaleza, se hace necesaria la aplicación de leyes que regulen la moral de los ciudadanos. De ahí la ley seca de los años veinte, que tuvo unas consecuencias bastante negativas.

Por otra parte, la Ilustración europea parte de la supuesta bondad del individuo, que ya nos enseñaba Rousseau. Desde este punto de vista, la persona no necesita que el Estado dicte leyes que lo controlen porque tiende a buscar por sí mismo lo más conveniente para su persona.

A mi modo de ver, ambas concepciones deben tenerse en cuenta. Es cierto que el individuo debe decidir por sí mismo, sin imposiciones externas. Lo que pasa es que si su carácter le conduce a inclinarse por la autodestrucción, el Estado no podrá impedir que el individuo reniegue de su persona.

Permítanme tomarme la licencia de hacer un nuevo paralelismo. Supongo que estamos de acuerdo todos en que los nacionalismos regionalistas son un cáncer para la sociedad. Nos encontramos ante la disyuntiva de si se debería permitir la formación de partidos que atacan el propio orden constitucional o impedir su creación. A mí me gustaría que los nacionalistas recapacitasen por sí mismos y no optasen por la ruptura. Pero eso, desgracidamente, no es así.

Los principios de libertad imponen consentir conductas autodestructivas, ya sea en el plano moral o político. Ante la imposibilidad de la utopía, me decanto por una intervención moderada en los asuntos morales.

Téngase en cuenta también que el socialismo moderno, como señalaba El espantapájaros, acepta la legalización de las drogas de un modo ingenuo y por un simple desprecio por la ley, clara herencia del anarquismo. En un socialismo más intervencionista, los motivos también son muy distintos a los del puritanismo anglosajón.

Un saludo.

 
At 4/11/06 1:22 p. m., Blogger VICTRIX said...

Veo que el tema ha suscitado un debate interesante. Lo que está claro es que desde el punto de vista económico la legalización de estas sustancias es recomendable, y esto viene a demostrar que la economía es una ciencia exacta cuyos fallos se deben única y exclusivamente a que su ámbito de aplicación es el ser humano, quien da más valor a determinados valores morales como la justicia que a la obtención de la mayor eficiencia posible. Por lo tanto el debate se ha planteado desde un punto de vista más bien jurídico.

En este aspecto siempre se ha dicho que el derecho penal tiene como objetivo evitar mediante la imposición de penas que un ciudadano atente contra bienes jurídicos protegidos de otro ciudadano (físicos, morales, patrimoniales etc) y es por ello que no veo comprable el aborto y el consumo de drogas. En el aborto, al igual que sucede con el homicidio, una persona está atentando contra un bien jurídico protegido de otra, en este caso contra la vida humana, y es por ello que el tema del aborto se suele plantear en término de cuándo se considera que un ser humano comienza a serlo.

Pero el consumo no afecta a los bienes jurídicos de otra persona sino a los de uno mismo que es quien atenta contra su propia vida o salud, y en ese sentido cada cual es libre de causarse a si mismo todos los males que quiera. Y alguien podría argumentar que un drogadicto es posible que robe a otro y que esto es un atentado contra su propiedad, pero no se puede penar a una persona por algo que no ha cometido, porque del mismo modo se podría decir que un borracho es potencialmente peligroso y no se le condena por beber sino cuando el consumo de alcohol combinado con otra serie de factores (como la conducción) pone en peligro bienes jurídicos ajenos.

Por eso los economistas liberales proponen que el tema de las drogas se regule en términos semejantes a los del alcohol o el tabaco. En ese caso el consumo de drogas sería legal porque afecta a uno mismo, pero sin embargo sería ilegal, por ejemplo, conducir bajo los efectos de esa sustancia porque entonces ya se pone en peligro la vida de otra persona. Por lo tanto no tiene mucha lógica que el mero consumo de estas sustancias sea punible, porque entonces también debería serlo beber alcohol, infringirse daño a uno mismo o, ya en un caso extremo, dormir dos horas al día.

En cuanto al tema social y al paralelismo con el nacionalismo. Mientras que en Madrid o Soria nadie es multado por rotular carteles de una tienda en catalán, en Cataluña si lo hacen. Existe voluntad por parte de algunos de ser independientes, pero no se les debe dar la razón desde el momento que hay gente que no lo quiere y que se podría ver muy perjudicada ante la actitud de exclusión y de marginación que se generaría contra quienes hablan diferente idioma o se sintiesen españoles. Ellos también son catalanes, o vascos... y tienen algo que decir al respecto.

Por concluir ya. No duden que el hombre es malo por naturaleza. Y si es bueno será mientras sus necesidades más básicas no están en peligro. Y, Espantapájaros, no porque sus artículos en Navarra Liberal estén publicados en un sitio ajeno a su blog voy a dejar de recomendarlos. Considero que los temas tratados son interesantes y están debidamente argumentados y por lo tanto son muy recomendables.

Un saludo a todos

 
At 5/11/06 6:26 p. m., Blogger QRM said...

La liberalización de la drogas no tiene ni un sólo inconveniente. De hecho, estando todos de acuerdo en que ser drogadicto no es aconsejable, me parece mucho más probable que mis hijas no lo sean si están permitidas, pero controlada su distribución; algo así como las bebidas alcohólicas en USA: lugares determinados de venta, edad mínima, sanciones muy potentes a los infractores, prohibición de consumir en público... Lo que es evidente es que ahora están al alcance de cualquiera, y no existe control siquiera en cuanto a su pureza; a menudo son adulteradas hasta la náusea.

En fin, para que no las encuentren en las puertas del colegio prefiero que las vendan en la farmacia.

 
At 5/11/06 6:29 p. m., Blogger QRM said...

Victrix

Amigo, el hombre no es malo por naturaleza. "Eso lo será usted",- le diría mi portera.
Tampoco es bueno por naturaleza. Lo único que por naturaleza es (y por naturaleza no quiere ser es) LIBRE, y consecuentemente responsable de sus actos.

Teniendo esto claro avanzamos en el liberalismo.

Saludos.

 

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